Edificio
A tan solo a tres décadas de su fundación, en 1909, se decide la construcción de la sede propia. El edificio se comenzó a construir el 1912, contratando para ello al Arq. Francisco Roca i Simó graduado en 1906 en Barcelona.
El edificio se inaugura oficialmente el 9 de Julio de 1916, una fecha singular para la historia del país: el Centenario de Independencia.
En la construcción se reconocen tres partes: la anterior, la central y la posterior, que presentan modos particulares de resolver los espacio. Pero a su vez la organización de las funciones se realiza a partir de un eje longitudinal imaginario que divide la organización de las partes en dos.
El sector más próximo a la fachada, se manifiesta con una gran multiplicidad de sit
uaciones dada por la escalera de acceso.
Sin lugar a dudas, el tramo central, es el más significativo del edificio Compuesto por un gran espacio en el que se desarrolla la escalera, cubierto por un espléndido lucernario, involucrando los 4 niveles de la obra. Recinto pensado como un gran patio central, a modo de caja de luz, que integra todas las situaciones internas.
El lucernario, exquisita creación de ingeniería de Pedro Introini, es una gigantesca claraboya, de hierro y vitroux, que a 25 m. de altura, cubre una superficie de 317 m2. Esta magnifica pieza, de gran virtuosismo artesanal, por su tamaño, diseño estructural y artística belleza de luces y colores, es verdadera obra maestra de Buxadera, Fornells y Cia., al igual que los extraordinarios ventanales del Salón Real, en el primer piso.
La fachada se presenta como un imponente juego de volúmenes quebrando y ahuecando el plano del mismo. A simple vista se reconocen tres partes en la organización de los elementos ornamentales, un basamento, un desarrollo y un imponente remate donde el comprometido coronamiento del edificio. Se destaca, este último segmento por la idea de colocar el escudo policromo, custodiado por dos imponentes leones, representando de la monarquía española.
Formidables trabajos artesanales, tanto en el tratamiento del hierro y el uso de azulejos y mosaicos, como en los vitrales, donde se emplea una ornamentación tanto con motivos zoo y antropomorfos como heráldicos, lo convierten en un ejemplo arquitectónico muy singular pleno de alegorías vernáculas españolas.